top of page

Brasil: las favelas se "cocinan" a más de 60° por el cambio climático

  • Foto del escritor: MundoNews
    MundoNews
  • hace 3 días
  • 6 Min. de lectura

La desigualdad social también se expresa en fenómenos meteorológicos que exponen a la población brasileña vulnerable a temperaturas más extremas que al resto. Las razones por las que los 16 millones de personas que viven en esas barriadas deben soportar 8°C más.


Por Gabriel Michi



La desigualdad tiene muchas formas de expresarse. Desde el contraste entre grandes mansiones conviviendo con teniendo con precarias casas que se caen a pedazos. O os autos de lujo transitando por las mismas calles en donde deambulan carros tirados por caballos o por personas marginadas. O las grandes imágenes del consumo privilegiado frente a los accesos prohibitivos para muchos. Distintas postales de la inequidad que se replican en todo el Mundo. Pero ahora aparece una nueva expresión: la desigualdad generada por el cambio climático. Incluso representada en temperaturas extremas que deben enfrentar mucho más quienes menos tienen. Eso es lo que se está viviendo en las favelas de Río de Janeiro donde en los últimos tiempos se registraron más de 60° centígrados. Temperaturas mucho mayores del resto de la ciudad carioca. Estudios recientes señalan que en esas favelas de las periferias pueden darse hasta 8 °C más que en los barrios vecinos. Los especialistas aseguran que el cambio climático agrava las desigualdades y afecta intensamente a los afrodescendientes, población mayoritaria de esas comunidades. En esas “islas de calor” los padecimientos son mucho mayores.


Las caóticas construcciones sin control de las viviendas atiborradas que se multiplican en esos conglomerados populares, anulan o dificultan la circulación de aire y hacen que el calor se sienta más intenso en esos lugares. Eso agravó la pesadilla de sus habitantes en el explosivo mes de marzo que acaba de concluir y que registró una ola récord de calor extremo. Por ejemplo, a mediados de mes, la ciudad de Río de Janeiro registró 44 °C, la temperatura más alta en una década, según el Sistema de Alerta de Río. Pero eso fue mucho peor en lugares como el Complexo da Maré -el conjunto de 15 favelas en el que viven 140.000 personas menos de 4 km2- donde la sensación térmica trepó a 60 °C. Según Everton Pereira, de la ONG "Redes da Maré", “este calor excesivo no es sólo el verano de Río, sino un reflejo de la crisis climática”.


Según los especialistas, esa situación tan extrema generó incluso problemas de salud entre los vecinos. La Secretaría Municipal de Salud informó que más de 3.000 personas necesitaron atención médica por deshidratación, insolación y otros problemas de salud por la ola de calor. Vale recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las altas temperaturas pueden empeorar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y de salud mental, e incluso pueden llevar hasta la muerte. Si se tiene en cuenta, que en las favelas encima hay una mayor ausencia de servicios públicos como saneamiento básico, salud y educación, la situación frente a los efectos de los cambios climáticos, se vuelve mucho más gravosa y peligrosa.


Varias de estas barriadas cariocas están situadas en las laderas de los morros, y aparecen sitiadas por autopistas, asfalto y hormigón, lo que los expone a una mayor contaminación, además de las mayores temperaturas que los lugares que los rodena, A ese fenómeno climático se lo llama “islas de calor”. Un ejemplo claro: en el barrio Galeão del Aeropuerto Internacional de Río de Janeiro, que está pegado al Complexo da Maré, el termómetro registró 4 grados menos que en ese compendio de favelas.


En el Complexo da Maré, una de las favelas que se "cocinó" a más de 60° y donde más del 62% se define como afrodescendiente, la gente vive hacinada y la propia estructura de las precarias las viviendas fomentan la retención del calor. Un relevamiento hecho por la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) en 2022 reveló que esas casas suelen tener muy mala ventilación y se utilizan en su construcción materiales como tejas de zinc y paredes delgadas de mampostería sin aislamiento térmico, que no hacen otra cosa que volverlos más vulnerables a las altas temperaturas. Everton Pereira, de "Redes da Maré", lo describe así: “La falta de planificación urbana y las desigualdades socioeconómicas hacen que las favelas sean más susceptibles a las consecuencias del cambio climático”.


Ahora, este fenómeno de un mayor calentamiento en las favelas no es un fenómeno único sino que afecta a otros conglomerados similares a lo largo y nacho de Brasil, país en el que cerca del 8,1% de la población vive en ellas. Son, nada más y nada menos, 16 millones de personas que sobreviven en esos asentamientos, según el censo nacional. Y así como ocurre en aquellas barriadas cariocas, la mayoría de los residentes se identifican como afrodescendientes. Los estudios recientes también coinciden en que en las favelas las temperaturas son hasta 8 °C más elevadas que las de los barrios vecinos. A esa conclusión llegó una investigación de la Universidad Presbiteriana Mackenzie hecha en Paraisópolis, la favela más grande de São Paulo.




Muchas veces los barrios circundantes tienen una mejor planificación urbana y suelen gozar de espacios verdes que escasean en las favelas, más allá de que sus pobladores tienen más recursos económicos que les permiten afrontar las olas de calor -cada vez más frecuentes- con mayor confort. Sumado a que tienen acceso a mejores servicios, esa inequidad que se evidencia también tiene su traducción en una "desigualdad térmica" que algunos técnicos y defensores de Derechos Humanos han calificado como "racismo ambiental", así de tajantes.


Entre quienes abonan a esta definición figura la geógrafa Gabriela Conc, cofundadora de la ONG Voz das Comunidades. Según su mirada, el "racismo climático" se potencia cuando comunidades ya castigadas por las desigualdades y sin acceso a los servicios básicos, son acorraladas -mucho más que el resto- por el cambio climático y los desastres ambientales que éste provoca y que vienen repitiéndose y extremándose de manera cada vez más frecuentemente. Conc apunta: “El racismo ambiental no es solo una cuestión ecológica, sino también social y racial”.


Lo cierto es que las favelas no sólo están expuestas a los fenómenos extremos de las temperaturas que hacen explotar los termómetros por el calor, sino que son particularmente vulnerables a desastres ambientales como aludes de tierra e inundaciones, algo que se ha vuelto cada vez más común en esas barriadas brasileñas. Muchos denuncian que, más allá de que los sectores más empobrecidos se ven obligados a instalarse, por ejemplo, en barriadas en las laderas de los morros, con todos los riesgos adicionales que eso implica frente a los desastres naturales que se multiplican, existen otras problemáticas que conducen y retroalimentan semejantes injusticias. Una es que muchas veces las inversiones priorizan barrios privilegiados y son indiferentes a esas periferias.


Según Naira Santa Rita, coordinadora de Justicia Climática y Amazonia de Oxfam Brasil y fundadora del Instituto DuClima, "la justicia climática es reconocer que la crisis climática tiene color, clase, género y territorio”. Ella misma es una "desplazada climática" porque hace tres años se vio obligada a abandonar su ciudad, Petrópolis (Estado de Río de Janeiro), por las arrolladoras inundaciones que dejaron más de 150 muertos y a más de 4.000 personas sin hogar. Su casa estaba en una zona vulnerable que jamás había sido atendida por las autoridades. Por eso, habla con conocimiento de causa y por haberlo padecido en su propio cuerpo: "La tragedia reveló lo que significa la crisis climática en la vida real: pérdidas humanas, rupturas territoriales, duelo colectivo y falta de respuestas del Estado”, le dijo al diario "El País" de España. Y ella, como otros especialistas, señala que las políticas públicas de urbanización en Brasil no tienen en cuenta a las favelas porque el Estado (y el poder en general) todavía las ve como un “problema” y no como parte constitutiva de las ciudades. Por eso, según su mirada, esa indiferencia se expresa en la anulación de derechos ya que "cuando el Estado no urbaniza, niega la ciudadanía”. Es más, según Naira Santa Rita, esa discriminación está "profundamente racializada", teniendo en cuenta que la mayoría de la población de esas barriadas marginadas es afrodescendiente.


Inequidad sin igual. Injusticia climática. Desigualdad térmica. Racismo ambiental. Conceptos despiadados que no hacen otra cosa que describir una realidad que margina y segrega mucho más a los marginados y segregados. Retroalimentando las diferencias de manera lacerante. E hipotecando el presente y el futuro de los excluidos. Al punto tal que los caídos del sistema nunca puedan salir del pozo. Sino que cada vez estén más enterrados.




Yorumlar


bottom of page